Hace algún tiempo, llegó a nuestras calles un bichito nuevo y desconocido, que se llamaba Corona.

Llegó de sorpresa, sabíamos que era transparente y que si nos llegaba a tocar, nos pondríamos malitos. Por lo visto, era el primo de otros bichitos que hoy son conocidos, como la Gripe.

Tras varios días, los médicos y la policía nos avisaron de que Corona era mucho más travieso que su primo, y teníamos que tener más cuidado para no contagiarnos.

Corona corrió mucho en poco tiempo, alcanzando a muchísima gente, sobre todo a los más mayores.

La gente que nos cuidaba, como los médicos o la policía, nos obligó a quedarnos en casa, porque si nos pillaba Corona a todos juntos, enfermaríamos muchos y no habría suficiente jarabe para darnos a todos.

Durante este tiempo en casa lo pasamos muy bien, conocimos más a nuestros vecinos, todos los días quedábamos a las ocho de la tarde en nuestras terrazas y aplaudíamos a todos aquellos que nos cuidaban y ayudaban. A veces también cantábamos.

Echábamos mucho de menos a nuestros abuelitos, pero hacíamos videollamadas muy graciosas con ellos; conocimos juegos nuevos y además aprendimos cosas muy importantes, como lavarnos bien las manos para que Corona desapareciese del todo. Y después de muchas semanas,  desapareció, y ya pudimos salir, jugar en el parque con nuestros amigos, ir a casa de nuestros abuelos y otros familiares…

Con esto aprendimos que juntos somos más fuertes, y que si permanecemos unidos, ningún bichito podrá pillarnos jamás.

Joana Moreno Izquierdo

 

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